El lugar de reunión de nuestras ideas

Publicado por Juliana Flores Jimenez | septiembre 29, 2026

FOTOGRAFÍA PROPIA

Vivo en El Coyol de Alajuela y estudio en la Universidad de Costa Rica, en San Pedro. En condiciones normales, el recorrido entre mi casa y la universidad puede durar aproximadamente 45 minutos. Sin embargo, cuando hay congestionamiento vial, esos 45 minutos se transforman en una cifra impredecible.

Por eso, llegar a tiempo a una clase no depende solamente de la hora en que empieza, sino de la hora a la que tengo que salir de mi casa. Si mi primera clase en la universidad es a las 10 de la mañana, por ejemplo, puedo salir de mi casa a las 5 a. m. para llegar alrededor de las 6 a. m. Es decir, termino llegando hasta cuatro horas antes de que comience la clase, únicamente para asegurarme de estar a tiempo y reducir el riesgo de quedar atrapada en una presa.

El viaje no dura solamente 45 minutos

Cuando pensamos en un traslado, normalmente calculamos cuánto dura el recorrido. Decimos que un lugar está a 30 minutos, 45 minutos o una hora. Sin embargo, el tránsito diario hace que esa cifra deje de representar el tiempo real que necesitamos dedicar para movilizarnos. Por eso considero que el costo de una presa no se mide solamente en el combustible consumido, también se mide en tiempo de vida.

Salir temprano ayuda a esquivar buena parte del congestionamiento. En mi experiencia, salir a las 5:00 a. m. me permite realizar el recorrido de manera fluida. Pero esto no significa que el problema desaparezca.

Si necesito levantarme varias horas antes para llegar a tiempo a una clase, estoy sacrificando horas de sueño y descanso. Y luego de pasar el día en la universidad, todavía debo enfrentar el viaje de regreso a casa.

La congestión vial constante genera un nivel de estrés acumulado que afecta el bienestar general. Reportajes de medios como La República y Digital506 han documentado advertencias de especialistas y del Colegio de Médicos sobre los efectos de las presas en la salud cardiovascular, física y mental, asociándolas directamente con el aumento de la presión arterial y el agobio crónico. Documentando que, las presas no solo nos quitan tiempo, sino que traen repercusiones a nuestra salud.


Si una persona pierde tan solo una hora adicional al día debido al tránsito, en una semana laboral acumula 5 horas perdidas. En un mes, eso suma casi las 20 horas.

Son casi 20 horas mensuales que podrían dedicarse a:

Infografía sobre el impacto de las presas en Costa Rica y el tiempo perdido en carretera.

En este reportaje de Semanario Universidad aborda con detalle la magnitud de las horas que la población costarricense pierde en el tránsito, relacionando esta problemática con cierres de carreteras principales, problemas estructurales en el diseño del sistema de transporte público y el crecimiento acelerado del parque vehicular.

La movilidad debe ser accesible

En mi caso, tengo la posibilidad de viajar en vehículo propio. Esto me otorga “el privilegio” de decidir a qué hora salir, buscar rutas alternativas o esperar en algún lugar si llego demasiado temprano. Sin embargo, no todas las personas cuentan con los mismos recursos para enfrentar la crisis de movilidad.

Quienes dependen del transporte público quedan a merced de frecuencias, rutas y conexiones que muchas veces no responden a la demanda real.Un análisis publicado por Semanario Universidad señala que las personas usuarias de autobús destinan, en promedio, 96 minutos diarios a sus destinos. Aunque pagar transporte privado tampoco es una opción viable para la mayoría, debido a los altos precios del combustible.

No basta con que una persona pueda llegar físicamente a su destino; importa cuánto tiempo, dinero y salud necesita invertir para lograrlo. Una ciudad accesible debería permitirnos desplazarnos hacia nuestros centros de estudio o trabajo sin exigirnos sacrificar una parte excesiva de nuestra calidad de vida.

El tiempo es un impuesto invisible

Las presas se han vuelto tan cotidianas que corremos el riesgo de normalizarlas. Consultamos el estado del tránsito antes de salir, agregamos margen de tiempo “por si acaso” y asumimos la espera como algo inevitable del día a día.

Pero ese tiempo se descuenta de algún lado, de nuestro descanso, de nuestro rendimiento académico, nuestra salud y de nuestra vida personal. Las presas no son solamente minutos detenidos en una carretera, son horas que miles de personas dejan todos los días en el camino.


Te invito a compartir tu experiencia:

Sígueme y hablemos de cómo este problema está cambiando nuestra forma de estudiar, trabajar, descansar y vivir.

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